La noche en que el póker ecuatoriano tocó fondo… y volvió a levantarse
Quito, 20 de enero. Faltaban diez minutos para la medianoche cuando las cartas dejaron de moverse.
Lo que debía ser una jornada más de la clasificación del Revolution 20K, terminó convirtiéndose en uno de los episodios más tensos y absurdos en la historia reciente del deporte mental en Ecuador.
A las 23h50, un operativo policial irrumpió sin aviso. Eran cerca de treinta uniformados, algunos armados para escenarios de guerra, otros pertenecientes incluso a la DINAPEN, como si el segundo piso del Centro de Convenciones Eugenio Espejo escondiera algo más que mesas, fichas y la esperanza de una comunidad.
Los jugadores —sorprendidos, confundidos— fueron alineados contra la pared.
En medio del desconcierto, Carlos “El Chamo” Ordoñez, organizador del evento, trataba de mantener la calma mientras pedía comprensión. El fiscal a cargo quería “corroborar” que aquello no era un casino clandestino. Irónico: en un país donde la delincuencia opera a cielo abierto, el enemigo esa noche… eran jugadores de póker.

Mientras tanto, Quito Turismo intentaba explicar lo obvio:
el Salón había sido alquilado legalmente, por cuatro días, para desarrollar una competencia deportiva reconocida y practicada desde hace más de dos décadas en el país.
Pero escuchar no era parte del operativo.
Tras inspecciones, revisiones y forcejeos burocráticos, la escena terminó con el evento suspendido.
Los trofeos, las mesas, las fichas… todo fue incautado como “evidencia”.
Y El Chamo fue llevado detenido.
La fila india que siguió —dos guardias revisando jugador por jugador— quedó tatuada en la memoria de quienes salieron esa noche con impotencia en la garganta. Nadie podía volver a la sala. Nadie podía hacer nada.
26 horas sin libertad
Mientras la comunidad amanecía consternada, Carlos pasaba la noche y el día encerrado en una habitación de 5 x 3 metros, junto a procesados por delitos reales: hurto, violencia, accidentes, incluso asesinato.
El contraste era grotesco.
A su hernia lumbar se sumó otro dolor más profundo: el de la injusticia, el de ser criminalizado por organizar un torneo legalmente constituido, sin alcohol, sin apuestas ilegales, sin menores, sin nada.
Cuando finalmente fue llevado a su primera audiencia, sus cuentas bancarias fueron bloqueadas y se le prohibió salir del país. La fecha del juicio quedó fijada para el 1 de febrero.
La misión era absurda y titánica al mismo tiempo:
demostrar que el Texas Hold’em NO es un juego de azar.
La comunidad se levanta
Esa noche, las figuras del póker capitalino se reunieron.
Entre ellos: Juca Bunces, Andrés Tapia, Gorky Criollo, Héctor Fierro, Carlos Velasco y, desde SharkTv, Diego Pico, quien elaboró un video técnico y pedagógico que terminaría siendo clave para que el fiscal comprendiera la naturaleza del juego.
Pronto, todo el país se sumó.
Evidencias aparecieron desde diferentes frentes: documentos del Ministerio del Deporte del 2013, pronunciamientos pasados, testimonios.
Jugadores como Bryan Ponce, líder del Ecuador Poker Tour, lograron que el caso alcanzara resonancia internacional a través de Código Póker. Se creó el grupo “Apoyo al Chamo y al Póker”, y gracias a Juan Fernando Romero nació un símbolo:
un logo y un lema que unieron a la comunidad:
“Texas Hold’em: Deporte Mental, No Criminal.”
Hashtag: #TeApoyoCarlos
La lucha tomó identidad. Y tomó voz.
El día del juicio
La audiencia, inicialmente prevista para el 1 de febrero, fue postergada para el lunes 5.
A pesar de las complicaciones de movilización por la Consulta Popular del día anterior, jugadores de distintas provincias llegaron desde temprano a la Unidad de Flagrancia, en la Av. Patria y 9 de Octubre.
A las 7h00 arribó Teleamazonas. El país volvía a mirar a un grupo de jugadores defendiendo un deporte que por años había sido malinterpretado.
Quince minutos antes de la audiencia, el ambiente era una mezcla de nerviosismo, coraje y esperanza. La policía intentó limitar el acceso, pero finalmente permitió el ingreso del número justo de asistentes.
Dentro de la sala, el silencio era quirúrgico.
El giro inesperado
El fiscal Andrés Pazmiño tomó la palabra primero.
Tras revisar las pruebas, testimonios y fundamentos técnicos, reconoció no encontrar argumentos para acusar. Dijo, con sobriedad, que la criminalización no tenía sustento.
El abogado defensor, Christian Tamayo, expuso lo evidente:
el operativo fue innecesario, desproporcionado, y profundamente injusto.
La jueza, Dra. Eliana Carvajal, escuchó, reflexionó y finalmente dictó sentencia:
Carlos Ordoñez es inocente.
El salón respiró.
La comunidad (adentro y afuera) estalló en aplausos y lágrimas contenidas.
Sin embargo, la jueza dejó una advertencia:
los torneos ocasionales pueden realizarse; pero la apertura de clubes requiere cumplir con normativas deportivas y asociativas a nivel nacional.
Era un triunfo, sí.
Pero también un recordatorio del largo camino que falta.
Un veredicto que marcó historia
A las afueras de Flagrancia, las cámaras captaron la emoción del momento.
La etiqueta “Inocente” no solo absolvió a Carlos.
Reivindicó a todo un movimiento.
Ese día, el póker ecuatoriano entendió que no basta con jugar.
Hay que defender el derecho a jugar.
Hay que educar, unir y persistir.
Y si algo demostró esta crónica, es que cuando la comunidad se organiza, ningún operativo, por grande que sea, puede apagar la verdad.
